Aún no se habían conocido (Manolete y Lupe) Wednesday, 7 February 2007
En dos horas me he merendado ochenta y dos páginas.
Carmen, me gusta todo.
El estilo cheli, de pasón sin tener que llegar a la prueba del regatón, preside todo el libro. La introducción predice lo que nos vamos a encontrar, Carmen cuenta cómo germina su pasión por Manolete, día a día, sorbo a sorbo, calada a calada. Desde niña Carmen sabía lo que quería y este libro culmina con gran gozo lo que será el principio de una gran historia. Sin decirlo, Carmen nos revela su amor místico e infinito por el monstruo y por Lupe. Por eso José Tomás acudió a ti, porque él es otro sacerdote del manoletismo que en los últimos meses de estancia en México ha buceado por los amigos que el torero cordobés dejó.
En el libro nadie sale mal parado, Carmen pone las cosas en su sitio. Hace justicia a doña Angustias, la madre de Manuel, primero reconociendo el valor que tuvo por sacar adelante a sus hijos y mimar al único varón, de naturaleza enclenque, al que llevó a la escuela, para luego expresar una idea: “Doña Angustias no entendió a su hijo, y eso le afectó gravemente al torero y al hombre”. Un actitud muy presente en padres y madres de torero. La historia del toreo muestra a promesas incumplidas por culpa de su entorno.
Contrariamente a la cita de Rafael Campos de España:
yo creo francamente que no se había acostado con ninguna mujer. Era católico practicante. Y yo creo que era incapaz de acostarse con mujeres. Primero, porque tenía la conciencia de que eso está mal. Luego, porque tenía el respeto amoroso, en el buen sentido de la palabra, a su madre
Carmen pone negro sobre blanco recordando los testimonios que El Pipo dejó en sus memorias. Manolete alternaba con putas con cierto pudor, sí, y con otras mujeres de farándula o de profesiones que catapultaban a la fama. Ese mamoneo con la castidad no fue con Manolete. Que gilipollez, señor Campos, que gilipollez: los católicos no follan hasta que llegan al matrimonio, ni pajas, oigan.
Otra mentira descubierta es su ideología franquista. Hizo, entre otros, dos desprecios muy grandes a Franco, el primero fue excusarse de torear la corrida en homenaje a la visita que Himmler hizo y el segundo, un año después, en 1941, estuvo en el brindis que le hizo al acomplejado caudillo en la corrida que conmemoraba el Día de la Raza: “Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro”. Hay que anotarlo en el contexto que lo hizo, Manolete no quería torear y tanto antes como después había habido brindis muy complacientes. Tan lejos debió ir la negativa del monstruo que fue amenazado por el ministro de Gobernación con quitarle el permiso para torear. Los ascos que hizo al régimen unido a que estuviera liado con Lupe Sino, republicana por los cuatro costados, haciéndose acompañar por ella a todos los viajes que hizo durante su romance era en aquel momento algo cuando menos muy discutible en un régimen ultraconfesional.
No cuento más, porque estoy llenando de mierda el estupendo trabajo de Carmen y como me descuide en vez de animar a mis sufridores les voy a quitar las ganas de comprarlo.
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Comments»
Mira, chaval, con que el libro sea la mitad de bueno que este post, ya lo voy a flipar. Me moría por leerlo; después de lo que te he leído, no veo que llegue la hora de que Marta aparezca mañana en la puerta de mi casa con el libro en la mano.
Enhorabuena, David.
P.D.: Acabo de descubrir por qué Manolete tenía siempre ese rictus de tristeza en la cara: ¡No follaba! Gran apunte, señor Campos de España.
David, esto engancha!!!!!!! Aunque sé que suena mal decirlo, me tuve que llevar el libro hasta al gimnasio, y sentarme en una bici con respaldo para ponerme a leerlo. Joder, había que ver la cara de los pijos que van al gym cuando me veían devorar página tras página. Este alimento no engordará, ¿no?